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lunes, 9 de abril de 2018

¿ERROR PUIGDEMONT O ERROR JUNQUERAS?

Oriol Junqueras decidió no huir de la justicia y someterse a la jurisdicción del Tribunal Supremo. Lleva más de cinco meses en la cárcel por un delito que no ha cometido, que solo existe en la imaginación del Juez Pablo Llarena.
Carles Puigdemont decidió exiliarse y no someterse a la justicia española. Ello le ha permitido defenderse primero ante la justicia belga y después ante la justicia alemana y ante ambas con éxito. Al juez belga no se le dio la oportunidad de que se pronunciara acerca de la euroorden emitida por la Jueza Carmen Lamela, porque el Juez Pablo Llarena decidió retirarla, pero el juez alemán sí ha tenido la oportunidad de pronunciarse sobre la euroorden dictada por el Juez Instructor del Tribunal Supremo con el resultado que los lectores ya conocen.
La estrategia de Oriol Junqueras ha sido completamente estéril. Esta maniatado y sometido a la humillación de un Juez que está vulnerando sus derechos fundamentales con la seguridad que tiene de que sus compañeros del Tribunal Supremo van a cerrar filas con él y de que el Tribunal Constitucional, cuando le llegue un recurso, mirará para otro lado.  (klik egin-ver más)
Javier Pérez Royo, en eldiario.es

1 comentario:

  1. Efectivamente, la lucha desarmada es saltarse las leyes porque las leyes son injustas y antidemocráticas. Respetarlas o acatarlas nunca conduce a nada salvo a que las cosas empeoren para los que vienen siendo agredidos con ellas. Y como muy bien se ha dicho en el texto de Pérez Royo, hay estrategias estériles: las que habitualmente pretenden que se pongan en marcha los que siendo contrarios a lo que el gobierno Central hace y legisla, exigen cumplir a los valientes contestatarios que deciden enfrentarse al Poder corrupto gobernante, para no perder aquellos los privilegios de los que gozan que suelen pesar más que las causas justas. Por ejemplo, en el caso de los jóvenes de Alsasua, nuestros gobernantes debieron proteger a los inculpados hasta que estos tuvieran las garantías de un juicio justo; protegerlos enfrentándose al Poder Central y desenmascarándole como han conseguido hacer los cargos públicos y políticos catalanes “huidos” a Europa. Pero no se ha hecho. Y no se ha hecho porque preocupa más mantener el sillón que luchar por la causa justa. Y esto es lo que en no pocas ocasiones desemboca en que las cosas acaben en violencia. No basta con decir que “la violencia no es el camino” hay que mostrar y andar el camino de la no violencia y son nuestros gobernantes los que lo deben encabezarlo. Un sendero que no es el camino de la cómoda condena y ya está: si nuestros gobernantes no nos muestran que están dispuestos a perderlo todo porque la justicia triunfe, no son los gobernantes que necesitamos; no son los gobernantes que tienen legitimidad para condenar y reprobar las luchas no pacíficas. Nuestros gobernantes actuales han predicado largo tiempo la no violencia pero, sin embargo, ahora que hace falta no cejar y hacerse fuertes en la lucha desarmada, prefieren remedar al avestruz y meter la cabeza bajo tierra salvo para realizar condenas sin riesgo alguno y participar en manifestaciones que nada conseguirán arrancar al inhumano Poder Central. Como mucho una pequeñita satisfacción en los encarcelados. Pero no se trata de eso. Se trata de demostrar que no estamos dispuestos a ser tratados como súbditos de una gobernanza déspota y corrupta como lo venimos siendo desde hace cuando menos 82 años ya.

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